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Elevaron a juicio el horrendo crimen del cuidador de un camping cristiano


A fines de marzo, Luis Quenta (60) fue atacado en su vivienda del Campamento Hebrón durante un asalto. El autor, al que la víctima identificó antes de caer en una internación que derivó en su muerte, fue Federico Massan (26), que ahora afrontará una posible pena de cadena perpetua.

Por Fernando del Rio

Esos rebujados entendimientos que la religión embandera en cada prédica aparecieron en forma de saludo final a Luis Quenta (60), el cuidador del camping cristiano y misionero de Chapadmalal asesinado en el último otoño. Al hombre lo despidieron con “la ciertísima fe de que, habiendo sido quitado de en medio de las aflicciones de este mundo, duerme en el Señor, y resucitará para vida eterna, a causa de su fe en nuestro Señor Jesucristo”.

Quenta era también llamado “Quintita” por los miembros más concurrentes al camping, los mismos que destacaban que en ese lugar siempre se percibía la presencia de Dios. Sin embargo, aquella tarde del 26 de marzo el hombre quedó huérfano de divinidad, como si los dioses hubieran mirado para otro lado para no entrometerse. Esa tarde, Quenta fue golpeado y su cuerpo quemado por Federico Massan (26), un joven al que le habían permitido acercarse al camping de Chapadmalal para salir de su vida desviada.

Ahora, con la confirmación reciente de que Massan enfrentará un juicio, serán los hombres los que busquen un poco de Justicia para Quenta.

Federico Gastón Massan (26) era delincuente antes de matar a Luis Quenta (60), boliviano, en el campamento Hebrón ubicado en Avenida F y calle 1 de Estación Chapadmalal. Tenía antecedentes por robo, robo agravado, hurto, robo calificado, encubrimiento y violación de domicilio desde 2011. Después de un tiempo en situación de calle, porque Massan no quería vivir más con su familia, fue alojado en la casa del pastor de la iglesia Bethel “Cristo es la respuesta” del Movimiento Cristiano y Misionero en la ciudad de Necochea. Un poco la familia influyó: su madre es una ferviente fiel de la iglesia evangélica.

Después de aceptar la promesa de cambio de hábitos y de notar una mejoría, algunos meses más tarde el pastor gestionó la llegada de Massan al campamento Hebrón, donde desde hacía 4 años Quenta era el cuidador. Fue en 2017 que Massan vivió en el campamento, con permiso para acceder a las cercanías de la casa y poco a poco su confianza con Quenta fue en aumento. A tal punto que el límite de lo justo empezó a desgranarse para pasar a ser, por momentos, la relación entre ambos asimétrica. Quenta se exhibía -como con todo el mundo- amable, colaborador y tolerante, mientras que Massan se asemejaba más al audaz especulador al acecho, aguardando la ocasión para sacar ventajas e incluso robar.

Federico Massan tras el hecho escapó y fue detenido varios días después en Necochea. Alguna vez Massan le había pedido prestada la motocicleta Guerrero Trip negra a Quenta y pese a que “sólo era para dar una vuelta” la habría usado incluso para ir a Necochea por la ruta 88.
El campamento Hebrón es un gran predio ubicado frente a la conocida Granja La Piedra, en el camino de las Canteras entre Batán y Chapadmalal. Son cuatrocientos metros de ancho por doscientos de largo, donde no existían cámaras de seguridad. El predio cuenta con un gran salón e instalaciones acondicionadas para recibir a acampantes, como aquellos que lo habían hecho en el mes de febrero para darle forma a un multitudinario encuentro internacional. Con presencia de representantes de la fe evangélica, o al menos, de una de sus tantas corrientes.

La vivienda de Quenta se encontraba junto al galpón y estaba hecha de material, de dimensiones suficientes para un casero, con ventanas al costado de la puerta de acceso. Poseía tres ambientes, uno de los cuales era usado como habitación y el principal como cocina comedor.

La casa la conocía bien Massan pese a que al llegar el verano de este año sus inconductas habían obligado a los responsables del campamento a echarlo. En realidad se lo apartó de la congregación y se le pidió que intentara avanzar en su vida de otro modo. Al menos que lo hiciera por su pequeña hija.

Nada de aquello surtió el efecto buscado y en la noche del 26 de marzo, tal vez como un intruso o acaso con el convencimiento de que todavía gozaba de algún derecho, Massan entró con tranquilidad al predio y fue a la casa de Quenta.

El ataque

Quedó comprobado en la investigación efectuada por el fiscal Leandro Arévalo que Quenta recibió golpes y que fue atado a su propia cama por Massan. El ataque se produjo porque Massan no quería ser identificado en el futuro como el autor del robo de la motocicleta de Quenta y de una computadora portátil. Porque su objetivo al entrar furtivamente fue el del robo. Sin embargo, antes de escapar en la moto Guerrero, tomó un bidón con combustible y roció a un Quenta que yacía inmóvil en la cama.

El cuidador del campamento pudo haber gritado pero las personas más cercanas, allí en la Granja La Piedra estaban a 200 metros. Nada escucharon ni vieron hasta las 7 de la mañana del día siguiente, cuando Quenta pudo recorrer esa distancia y sólo con un calzoncillo y una remera consumida por el fuego se acercó a pedir ayuda. Llevaba derretida en sus muñecas la soga con la que Massan lo había atado.

“Fue Federico Cortaruz, el hijo de la hermana Martita…” alcanzó a decir pero también antes de subir a la ambulancia que lo trasladó al HIGA agregó que Massan, en realidad, era “hijo del Diablo”.

El 2 de abril Quenta colapsó en su cama del Hospital Interzonal. Su cuadro empeoró y una falla multiorgánica causada por las quemaduras en un 70 por ciento de su cuerpo supuso el final.

Mientras tanto el asesino estaba identificado pero con paradero desconocido. Todos los indicios apuntaban a Necochea y allí la investigación dio sus frutos gracias al pastor, a la madre y a un amigo que finalmente admitió a la policía que Massan estaba en una galería de calle 66 y avenida 59. Cuando la policía llegó al lugar Massan estaba ocupado: miraba un capítulo de La Casa de Papel. Apenas se asomó a la puerta los policías lo hicieron girar y le vieron la letra “F” tatuada en el cuello.

Desde entonces está detenido. El 21 de septiembre pasado la Justicia de Garantías elevó la causa a juicio, después de que la defensa de Massan no hiciera ningún tipo de planteo al pedido del fiscal Arévalo.

Más adelante se conocerá el Tribunal que tendrá a su cargo juzgar al asesino de Quenta.

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