“Sigo por la fuerza que mi hija me da para que se haga justicia”


El padre de Juana Molina Zelaya, la nena marplatense de 4 años abusada y asesinada en Luján la semana pasada, cuenta en primera persona el horror que sufre y le pide a la Justicia que "no se deje corromper" por los recursos económicos de la familia del detenido Marcelo Emiliano Lindoso.

Por Juan Salas

Raúl Zeleya no puede dormir. Tiene pesadillas y se despierta a mitad de la noche pensando en Juana, su hija de 4 años que la semana pasada fue abusada y asesinada en Luján, en la casa del hombre que su expareja había conocido por Facebook y había decidido ir a visitar junto a la nena. “Me echo la culpa de muchas cosas, no le encuentro explicación a este horror”, dice.

El “horror” del que habla Raúl comenzó a gestarse hace unas tres o cuatro semanas, cuando su expareja, Malén Molina, le contó que se iría con Juana a Luján para visitar a una tía suya que estaba enferma, aunque eso fue una mentira, ya que en realidad se iba para encontrarse con Marcelo Emiliano Lindoso, un hombre de 37 con quien se había contactado por Facebook.

“No tenía motivos para desconfiar de Malén. Siempre estuve en contacto con ella, desde que nos separamos y siempre nos dijimos todo. Ella nunca me había mentido”, dice Raúl y en sus palabras se siente el lamento de un hombre que desearía cambiar todo lo que sucedio.

Raúl comenzó a preocuparse cuando, al cabo de unos días, intentó comunicarse con Malén pero ella no le atendió. Cuando logró hablar con ella, le dijo que estaban bien, que no se preocupara, incluso Juana le dijo que estaba muy bien en la casa de “la tía”. “Cómo no le voy a creer a mi hija”, dice Raúl mientras repasa en su mente una vez los acontecimientos.

La semana siguiente pasó lo mismo. Raúl llamó varias veces a Malén hasta que pudieron hablar y otra vez ese “estamos bien”, esa mentira de estar en la casa de una supuesta tía.

“La última vez que habló con Male´n me dice que ya venían y le dije que teníamos que hablar. Hablo con mi nena y me dice que ya venía, que estaba bien”, cuenta.

El martes, a las 4 de la mañana el horror sonó como un ringtone de celular. Era Malén, que despertaba a Raúl para contarle que Juana estaba muy grave, muy mal. Que se había caído de un tobogán y que necesitaban que fuera urgente al Hospital Posadas de Buenos Aires.

Raúl Zelaza no razonó. No pensó en ese momento si era verdad o no lo que le decían del “tobogán” y fue hasta la terminal. Sacó pasaje para Buenos Aires y viajó a encontrarse con su hija.

Al llegar al hospital el horror tomó una nueva dimensión: los médicos le explicaron que Juana no se había caído de ningún tobogán o escalera, sino que la habían abusado sexualmente y golpeado de una manera brutal. Los profesionales le dijeron que el estado era irreversible. Raúl entró a la terapia intensiva para ver a su hija, que estaba acostado en una cama, con tubos de oxígenes que la mantenían con vida.

Los médicos, además le contaron que los golpes eran de el sábado y que, por algún motivo, la madre de la nena había decidido no internarla inmediatamente. También, se cayó la mentira de la visita a la falsa tía y le dijeron a Raúl que en verdad, Malén había viajado hasta Luján para encontrarse con Marcelo Emiliano Lindoso, un hombre que vivía en un country y se dedicaba a la cría de caballos de polo y a quien había conocido por Facebook.

Malén Molina ya se encontraba esposada y detenida junto a su pareja Marcelo Emiliano Lindoso. Entre la policía y la fiscalía descentralizada de Luján le explicaron a Raúl Zelaya la situación, él dio su testimonio, y en medio de tanto horror, de todas maneras defendió a su ex al decir que no creía que ella dejara que algo pudiera sucederle a Juana. “Malén la sobrecuidaba, la protegía”, les explicó a los investigadores.

El miércoles 1 de agosto Juana falleció. Raúl Zelaya decidió donar sus órganos con la esperanza de que puedan salvar otras vidas en medio de tanto horror. Con esta situación, la mamá de la nena y su pareja quedaron imputados por homicidio agravado y abuso sexual agravado.

“Quiero saber por qué pasó esto, por qué dejo que pasara. Yo sé que de Mar del Plata Malén se fue mintiendo porque se había peleado conmigo, no tenía trabajo, se llevaba mal con los padres y hermanas y por eso se fue de acá”, dice la papá de la nena, como quien piensa en voz alta buscando una respuesta, una explicación.

“No puedo seguir con el día a día. No tengo fuerzas, mi nena está en todos lados”, dice el hombre que perdió a su hija hace apenas una semana y agrega: “Me echo la culpa por muchas cosas, me despierto de golpe y no encuentro explicación a nada. Cuando fui a la morgue, le pedí que le pusieron un buzo mío en el cajoncito, para que no sintiera frío. No caigo todavía con esto que pasó. Siento que no puedo seguir, o que voy a seguir solo por la fuerza que ella me da para que se haga justicia”.

Raúl Zelaya quiere que los culpables paguen. Que su expareja y mamá de Juana, Malena Molina, “pague porque dejó que esto pasara” y le pide a la Justicia, y principalmente a la fiscalía descentralizada de Luján, “que no se deje corromper con el dinero de la familia Lindoso, que tienen muchos recursos”.
Juana iba a volver junto a su madre esta semana a Mar del Plata, pero el horror ocurrió antes.
LA CAPITAL

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