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Penas de entre 7 y 13 años a tres sujetos por explotación sexual


Tienen 29, 49 y 79 años. Fueron condenados por Tribunal Oral Federal de Mar del Plata. Los hechos ocurrieron en 2015 en un campo de Azul.

Un hombre, su hijo y un septuagenario que los acompañaba fueron condenados a penas de entre 7 y 13 años de prisión por el delito de trata de personas agravado por el aprovechamiento de la situación de vulnerabilidad de las víctimas y la multiplicidad de los autores. En dos de los casos, además, se dio por probada la consumación de la explotación. Sergio Rubén Mansilla (49) recibió trece años de pena, su hijo Rubén Ernesto Mansilla (29), siete y Carlos Alberto Martínez (79), nueve años de prisión tras la sentencia dictada por el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata.

El fiscal Juan Manuel Pettigiani dio por acreditada la explotación -que no había sido incluida en el requerimiento fiscal de elevación a juicio- y consideró los hechos en concurso real, lo que permitió aumentar los montos de las penas. Tal como había solicitado en su alegato, el Tribunal ordenó el decomiso del Fiat Siena que fue utilizado para el traslado de las mujeres.

El caso sobre el que dictaron sentencia los magistrados Mario Portela, Roberto Falcone y Alfredo Ruiz Paz se inició en abril del 2015 a través de una denuncia que llegó a la Justicia provincial. En esa oportunidad una mujer alertó que había recibido el llamado de su hija advirtiéndole que estaba cautiva en un campo junto a una amiga y sus hijos, que no las dejaban salir y les habían sacado los celulares. Tras los allanamientos, se declinó la competencia al fuero federal.

Según informó el sitio fiscales.gob.ar “en un primer momento había quedado procesada una de las víctimas, quien era pareja de Rubén Mansilla y fue utilizada por los imputados para captar a mujeres conocidas para ser explotadas”. De cualquier forma, fue obligada bajo amenazas por Sergio Mansilla a prostituirse junto a otra joven.

“Ambas habían sido llevadas a un campo para mantener relaciones sexuales con hombres, pero la situación no les gustó. Los imputados entonces requirieron nuevas víctimas: un llamado por teléfono, una falsa promesa de trabajo, la ilusión de las jóvenes de salir de la miseria, el engaño y la explotación. Una vez en el lugar, debían hacer lo que Sergio les decía. Sino -les dijo- las mataría, las tiraría en un zanjón, y que serían vendidas a un campo en Rauch para someterlas a la prostitución”, detalló.

Situación de vulnerabilidad
Tal como fue establecido en el requerimiento de elevación a juicio y constatado durante el juicio, las mujeres “presentaban características de extrema vulnerabilidad social y familiar, lo que las tornaba víctimas plausibles ante los ahora procesados quienes, conociendo tales circunstancias, se aprovechaban de ello”.

Las realidades que las jóvenes llevaban consigo hablaban de situaciones extremas. Una de ellas era prostituida desde los 17 años, dos se habían conocido internadas en el Patronato de Mujeres de Pringles, ninguna tenía trabajo formal, y dos de ellas no sabían siquiera leer ni escribir. Una de las mujeres relató que junto a sus hermanos habían sido abandonados por sus padres desde pequeños, y un informe de la Dirección General de Orientación, Acompañamiento y Protección a Víctimas (DOVIC) dio cuenta de la situación de la mujer que fue víctima, aún siendo pareja de uno de los acusados. Desde pequeña su madre la mandaba a pedir dinero a casas de la ciudad, ella vivía inmersa en situaciones de violencia y hasta sufrió un abuso sexual en una de las viviendas donde fue a pedir ayuda económica. Fue mamá a los 15 años pero seis años después la criatura murió, en medio de la violencia que su entonces pareja ejercía.
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