Cárcel de Batán: falta comida, medicamentos y colchones y sobran ratas y cucarachas

Un relevamiento de la Defensoría del Pueblo bonaerense en los servicios penitenciarios de la provincia brindó cifras preocupantes en diversos aspectos. En el ámbito local, se detectó que al menos 24 personas privadas de su libertad no tienen un colchón donde dormir.

La resocialización en las cárceles bonaerenses es una auténtica quimera. Por más esfuerzos que anuncien las autoridades, al momento, los hechos marcan una realidad absolutamente diferente. El fin por el que fueron creados los servicios penitenciarios en la Argentina está muy lejos de cumplir su cometido. Así lo han denunciado innumerables voces a lo largo de los últimos años y así lo demuestra también un relevamiento realizado en marzo de este año por la Secretaría de Atención y Prevención de la Violencia Institucional de la Defensoría del Pueblo provincial.

En el estudio que reunió análisis sobre las condiciones de detención, monitoreo del estado edilicio de las instalaciones, entrevistas a las autoridades penitenciarias y también a algunos internos alojados, se detectaron preocupantes datos sobre la vida tras las rejas. Para el caso particular del penal de Batán, con capacidad para 1.065 plazas, se corroboró la existencia de varias decenas más de personas que lo permitido hasta llegar a un total de 1.144. “En el tema de la superpoblación, es cierto, hay lugares en donde la situación es mejor, y en otros incluso mucho peor”, reconoció en diálogo con 0223, Luis Rech, uno de los coordinadores del trabajo.

La información obtenida reveló que de los 25 rubros de alimentos que deben darse a las personas privadas de su libertad según el propio sistema del SPB, sólo había 15 en stock al día de la visita. También que la mayoría de los internos son jóvenes, estimando un promedio de edad de 23 años. Y que la proliferación de roedores y cucarachas es común ante los habituales desbordes de los contenedores dispuestos para la recolección de basura.

Entre otra de las estadísticas, quizá una de las más preocupantes, aparece la situación de la cantidad de colchones existentes. “Cuando hicimos la visita se contabilizaron veinticuatro colchones a la baja. Eso significa que algún interno tiene que compartir el horario de descanso con otro y genera también que algunos tengan que dormir directamente sobre una manta”, describió Rech.

Al respecto de la infraestructura del  penal, el informe señala que “el estado general edilicio es regular, con un importante deterioro en la mampostería, sobre todo en pisos y cielorrasos”. Sobre la falta de insumos y medicamentos, se corroboró que “las entregas son esporádicas, irregulares e insuficientes”.

“Hemos podido tener un panorama general de la situación de las cárceles, una radiografía penal por penal para poder realizar ahora un trabajo unidad por unidad a fin de revisar las cosas que hay que mejorar”, expresó Rech sin dejar de mencionar que existe “un sistema carcelario que tiene algunas falencias de larguísima data”.

“A medida de que las leyes se fueron endureciendo, se fue produciendo un incremento de la población carcelaria y eso siempre es una dificultad. Es importante resaltar que este monitoreo apunta a trabajar en conjunto para mejorar la situación cotidiana de los internos. Ellos, en su contexto de encierro deben tener garantizadas todos los derechos, porque sólo pierden con la condena el derecho ambulatorio”, concluyó Rech.

0223

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