Condenaron a un comisario por pedir dinero para liberar a un detenido

Jorge Pesoa fue hallado culpable por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº2 de encubrimiento agravado y de haber exigido dinero para liberar a un joven de la comisaría segunda. Además, quedó inhabilitado a ocupar cargos públicos por 8 años.

El Tribunal Oral en lo Criminal Nº2 condenó a un comisario a 4 años de prisión después de que quedara acreditado que le pidió dinero a los amigos de un turista rosarino para liberarlo.

Jorge Pesoa fue hallado culpable de extorsión en grado de tentativa y también encubrimiento agravado. En ambos hechos, el policía se desempañaba como subcomisario, en la comisaría decimosexta en 2012 y en la segunda en 2014. Además, quedó inhabilitado a ocupar cargos públicos por 8 años.

Para los jueces Roberto Falcone, Néstor Conti y Alexis Simaz, el fiscal Fernando Berlingeri logró probar la culpabilidad de Pesoa en ambos hechos, quien se aprovechó de su condición de policía para intentar conseguir beneficios personales.

El primero de los hechos ventilados durante el debate ocurrió en 2012, cuando Pesoa era subcomisario de la comisaría 16a. y jefe de asuntos judiciales de esa dependencia. El Tribunal lo halló culpable de haber ordenado que se entregara de manera irregular un auto secuestrado por la adulteración en los números de carrocería y motor .

Según consta en la sentencia, el 28 de enero de ese año Pesoa ordenó a sus subalternos de la comisaría decimosexta que si un hombre de apellido Fernández se acercaba a retirar un Peugeot 405 que había sido secuestrado, se lo debían entregar ya que ya se había encargado de aportar todos los papeles necesarios para ese trámite.

En su declaración, la oficial de servicio recordó que ese día había pocos policías en la dependencia ya que había un partido de fútbol de verano y que, al llegar el mencionado Fernández, Pesoa la llamó para que no lo hiciera esperar y le entregara el auto sin mayores demoras. La oficial de servicio respetó la línea de mando, no cuestionó la orden del subcomisario y entregó el vehículo.

El 2 de febrero, en el marco de una investigación por robo de automotores, dos policías vieron un Peugeot 405 que transitaba por la avenida Juan B. Justo con la marca que tienen los autos que fueron secuestrados por la policía. Ante esta circunstancia detuvieron al vehículo.

El conductor del Peugeot 405, Fernández, les dijo a los oficiales que al auto se lo había entregado el subcomisario Pesoa, pero que no poseía ninguna constancia de ello, por lo que volvieron a secuestrar el vehículo.

Durante el juicio, Pesoa dijo que ordenó entregar el vehículo porque recibió un llamado de una persona de la fiscalía de determinación de autores que, “a los gritos”, le exigió que le otorgara el auto a Fernández.

Para la defensa, el hecho se explica “por una cadena de torpezas de los intervinientes que beneficiaron a Fernández al recibir su automóvil secuestrado de manera irregular”. Para el Tribunal, en “una comisaría los roles se encuentran claramente delimitados por la posición que cada uno ocupa en la cadena de mandos y a mayor jerarquía, obviamente, mayores posibilidades de que los subalternos den acabado cumplimiento a las ordenes transmitidas”.

Los jueces encontraron al subcomisario culpable de “encubrimiento por favorecimiento personal agravado por su calidad de funcionario público en concurso ideal con omisión de los deberes de funcionario público para favorecimiento personal” y desacreditaron que un oficial de 28 años de carrera entregara un auto por recibir un llamado de una fiscalía y recibir “gritos”.

Libertad por cuatro cifras

El segundo hecho ocurrió el 18 de enero de 2014, cuando un joven turista rosarino fue aprehendido por pelearse con un taxista y romperle el vidrio del auto. A pesar de que la fiscal Florencia Salas le había otorgado la libertad prácticamente de inmediato, estuvo detenido en la comisaría segunda durante horas y el por entonces subcomisario de la dependencia, Jorge Pesoa, le exigió a sus amigos una suma de “cuatro cifras” para que el joven no fuera llevado a Batán, donde sería “golpeado y violado”.

Las víctimas de este intento de extorsión en un primer momento no quisieron venir desde Rosario a Mar del Plata para prestar declaración en el juicio, por miedo a hablar contra un policía.

Sin embargo, tanto el joven que fue detenido, como sus tres amigos, estuvieron presentes en el juicio y explicaron ante el Tribunal lo que sucedió.

Según relataron, Pesoa los llamó por teléfono desde el teléfono del aprehendido y acordó una reunión en la comisaría segunda. En esa reunión, los rosarinos ofrecieron pagar 500 pesos para reparar el vidrio del taxista, pero, según contaron, Pesoa exigió una suma de “cuatro cifras” por la libertad del joven, para no ser llevado a Batán donde sería “golpeado y violado”. Además, el subcomisario les dio un “ultimátum”: tenían hasta las 14 para entregar el dinero.

Ante la desesperación, las víctimas llamaron a un conocido marplatense hijo de un funcionario judicial. Hablaron con el hombre que trabajaba en una fiscalía quien, al conocer la situación denunció inmediatamente a Pesoa en la DDI para que se realizara un procedimiento y poder detener al subcomisario al momento de cobrar la supuesta suma de cuatro cifras.

Sin embargo, Pesoa liberó rápidamente al detenido y le dijo que le “había salido gratis”. Cuando la DDI llegó hasta la comisaría segunda ya todo había terminado.

Según los registros, el joven rosarino estuvo en la dependencia policial desde las 10:35 hasta las 14:45, a pesar de que la fiscal Salas había ordenado su inmediata libertad cuando ingresó a la dependencia.

Para los jueces, Pesoa es culpable de extorsión en grado de tentativa y consideran que el subcomisario liberó al joven porque se “pudo haber filtrado información como consecuencia de un corporativismo de rebites delictuales”.

El actual comisario Jorge Pesoa fue condenado a 4 años de prisión por su comportamiento corrupto y quedó inhabilitado por 8 años a ocupar cargos públicos. En la actualidad Pesoa trabajaba como jefe de una comisaría del interior de la provincia.

LA CAPITAL

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